D-Generación

"Una generación extraviada en un mundo casi perdido, lejos de la Generación del 98, del 14, del 27, de mayo del 68, no somos otra cosa que una 'D-Generación'"

martes, junio 21, 2005

Hasta que la ley os separe

Sólo he asistido a dos bodas en mis 25 años de existencia; ambas de mis dos tías, la primera cuando era un crío y la última hará unos 4 años, siendo yo bastante más mayor. Por lo que recuerdo, fueron bonitas ceremonias, y el brillo de los ojos que las dos tenían delataban un especial sentimiento de felicidad. Después, como es típico, una gran comilona y una fiesta para celebrar el enlace. Muchas fotos y muchos recuerdos para la posteridad. Hoy ya con hijos, las dos son felices y me han ayudado mucho. Les deseo lo mejor. El matrimonio es, a priori, el penúltimo paso hacia la vida adulta (el último son los hijos). Por supuesto esto no tiene por que ser así ya que los tiempos cambian. O no.

Hasta hace poco más de 25 años, el matrimonio era básicamente un contrato; un hombre y una mujer se comprometían para siempre, y únicamente la muerte podría romper el sagrado enlace. El varón era el encargado de mantener a la familia, el jefe de la casa, el rey del castillo. La mujer se comprometía a cuidar al marido, a los hijos, realizar las tareas domésticas y cada cierto tiempo abrirse de piernas al machote ibérico. No quiero decir con ello que no hubiese amor de por medio. Seguro que en muchos casos lo había. Pero ante semejante percal, en un mundo donde la mujer sólo podía ser esposa, madre y ama de casa no es extraño suponer que a veces más que amor lo que había era un orden preestablecido e irrompible. De hecho aunque el marido trajese a casa un regimiento de putas y se montase una orgía en el salón, la mujer solo podía mirar hacia otro lado y fingir que nada estaba pasando. Cuando nadie se queja sobre el sistema, el sistema es perfecto; si se queja entonces se le hace callar; si no se le puede hacer callar, se le ignora o descalifica.

Los años pasaron y llegó la tan ansiada ley del divorcio, la esperanza que podía romper ese orden, para muchas pantomimas camufladas con el nombre del sacramento. La Iglesia arde en cólera y con ella todos los conservadores católicos. La mujer sale de casa y empieza a prepararse, a estudiar, a trabajar, a vivir su vida, y poco después a comprender lo difícil que lo iba a tener en una sociedad tan machista. Esto no sentó nada bien al machote ibérico, que veía como su poder se diluía como un azucarillo en una taza de humeante y caliente café. Ante semejante frustración las hostias parece que son una respuesta emocional demasiado frecuente, por desgracia.

Aún quedan muchos casos así, sobretodo en pueblos pequeños; no es extraño ver a chicas muy jóvenes ya encintas o casadas. Tampoco es extraño ver a quinceañeras con la ilusión de ser amas de casa. Bueno chicas, prepararos para una vida de esclavitud y para haceros asiduas telespectadoras del Salsa Rosa. Lo respeto pero para nada lo comparto. Tampoco quiero minusvalorar el trabajo que se hace en una casa, pues últimamente he tenido que hacer mucho y es bastante duro (y no remunerado). Pero ¿qué es lo os mueve a querer eso?. En fin, que cada uno haga lo que quiera. Faltaría más.

Cuando un matrimonio no funciona, en general, uno de los dos cónyuges acaba pidiendo el divorcio. Comienza entonces un proceso doloroso y corrosivo, más aun si ya hay hijos de por medio. Puedo asegurarlo. Peleas por la custodia, dinero, horas de visita, recuerdos pasados.... Y si hay terceras personas aún peor. El problema es que esto degenera aun más; malos tratos, falsas denuncias por malos tratos, manipulaciones, odio y más odio. Y ante eso estalla una guerra total, donde la verdad y la mentira desaparecen y dan paso a la versión de uno y la del otro. Kramer contra Kramer (qué grandes Hoffman y Streep). ¿Es la solución? Interesante pregunta. La plantearé de otro modo. ¿Qué preferirías tú, lo malo o lo peor?.

Las ventajas fiscales del matrimonio son innegables, pero cada vez mas gente decide prescindir, o al menos esperar, de proceder a esta unión. Es un paso muy importante y por muy unida que este la pareja nada garantiza que vivan felices y coman perdices hasta el final. El caos esta por ahí pululando y nada puede escapar a su control. Aun así, quien no arriesga no gana, como en el póquer. Pero cuidado con los faroles. Otra consecuencia del caos.

Caos es lo que ven los defensores de la familia tradicional y de la buena moral (en realidad la doble moral) con esta ley que está punto de aprobarse; me hace gracia ver esas familias hipernumerosas y hipercristianas (con hasta 6 hijos) clamando y gritando en contra del matrimonio homosexual. No tengo nada en contra de la manifestación; por supuesto es un derecho democrático de todos. Lo que me inquieta es esa hipocresía que envuelve a la manifestación. Ellos lo saben, por eso se han obcecado en repetir una y otra vez que “No vamos contra los gays, vamos a favor de la familia”. Bueno, preguntaría yo, y ¿qué opinan ustedes de los homosexuales? Apostaría cualquier cosa a que degenerados, tarados, enfermos o pecadores serian la mayor parte de las respuestas posibles. Incluso profesionales del mundo de la psicología y la psiquiatría siguen viendo la conducta homosexual como un trastorno de la personalidad, una desviación, una enfermedad. Menos mal que hace ya a tiempo fue eliminada del DSM (el manual de enfermedades mentales). Bueno, pese a quien le pese esto es imparable. Gays y lesbianas podrán casarse (la adopción la discutimos otro día), y con el paso del tiempo empezaran a divorciarse. Hasta que la ley os separe.


6 Comments:

At 13:01, Blogger Maria Sarmiento said...

Estoy completamente a favor de permitir el matrimonio entre católicos.

Me parece una injusticia y un error tratar de impedírselo.

El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.

Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de carácter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos.

Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.

Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas. También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por "el qué dirán" o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestructuradas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familias católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.

Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma, no es más que una forma un tanto ruin de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: Aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia.

Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente del que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: También estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.

Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo de "¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!".

Veo ese tipo de críticas y respondo: Si bien es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor probabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.

Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.

En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitírseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.

Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales

 
At 19:03, Blogger Negrev said...

Es cuanto menos curioso ver el fariseismo de la frase "no, si no vamos en contra de que se unan, pero que no lo llamen matrimonio". Como si lo que les importara fuera el nombre.

La frase que queda escondida y no dicen aunque piensan es

"No, si no me importa que estos tarados se unan y vivan en pecado, alla ellos, ya arderán en el infierno. pero que encima digan que son normales, no, eso si que no".

 
At 21:02, Blogger rojoredrouge said...

Vale que el artículo de Javier es cojonudo -si se me permite-. La acotación de mdme. sarmiento es también excelente. Pero lo tuyo Rubén es muy fuerte. Resulta que le he estado dando al caletre a estos días sobre el tema, y no sé macho, le has puesto letras a mis dsigresiones de este finde.

 
At 01:42, Blogger Aitor Ordax said...

También yo coincido con vosotros, especialmente en el fariseismo implícito y la doble moral. Ya está bien, joder. No seamos hipócritas y ampliémos derechos, que no perjudican a nadie.

Si todavía se coartara la libertad de alguien entendería que hubiera quién se quejara. Afortunadamente todo es cuestión de tiempo.

Y si no fijaos en el caso holandés. En Holanda, es posible ser homosexual y de ultraderecha con una naturalidad supina. Recordad el caso del asesinado Pinn Fortuyn. Tiempo al tiempo.

Por cierto, Salva, enhorabuena por lo de RNE, que ya me he enterado de tu huída. Si no fuera por lo de Bruselas... En fin, el jueves me darás los detalles en persona. ¡Qué callado lo tenías golfo!

 
At 01:45, Blogger D-Generación said...

Aprovecho para recordar a María Sarmiento --dada la extensión de su último post-- y cualquier otro lector, que los sábados y domingos es posible la libre publicación en este blog.

Para publicar sólo hay que enviar su texto a la siguiente dirección de correo electrónico: dgeneracion@gmail.com

Gracias por su participación.

 
At 09:30, Blogger Maria Sarmiento said...

Sorry men!

Era algo que quería publicar en mi blog, pero que al leer el gran artículo de Javier, pensé que servía mejor como post al mismo, siento que fuese tan largo, no se volverá a repetir.

Por cierto, coincido con rojoredrouge, el sr. negro hace la mejor síntesis de mi opinión al respecto.

 

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