D-Generación

"Una generación extraviada en un mundo casi perdido, lejos de la Generación del 98, del 14, del 27, de mayo del 68, no somos otra cosa que una 'D-Generación'"

viernes, enero 20, 2006

La pertinencia de la socialdemocracia

No creo que sea necesario indagar en la explicación terminológica de la socialdemocracia después de la aproximación al término de Salva Martínez del pasado lunes y de los antecedentes históricos de Javier Grasa del martes. Sin embargo, existen multitud de páginas escritas sobre esta corriente política y el tema daría para extenderse eternamente.

En una sociedad sumida en el capitalismo extremo, en un neoliberalismo tan radical que ha convertido el consumismo en ocio entre todos nosotros (incluidas las clases desfavorecidas), que se resiste a abandonar la dependencia energética del petróleo (en perjuicio del medio ambiente y en detrimento de la investigación en energías más limpias) y que se ha merendado al modelo político socialista (o le ha condenado al fracaso, a pesar de ser algo menos injusto), sólo queda indagar en la búsqueda de una ideología a medio camino entre la ideología dominante y la dominada, tras la caída del Muro de Berlín.

Esa ideología podría ser la socialdemocracia, pero la cuestión es qué tipo de socialdemocracia. Y es que no está demasiado claro, ni siquiera entre los propios socialdemócratas, cuál es el modelo a seguir. De ahí que pensadores como Giovanni Sartori, de cuya visión sobre una reconfiguración de la izquierda "en crisis" ya se ha hablado en este espacio, expongan la existencia de contradicciones en una ideología que emana de una imposición revolucionaria forzosa pero que hoy no se concibe fuera de la democracia.

Porque es sorprendente que, incluso, los más recalcitrantes marxistas de pensamiento soviético se aferren hoy a la democracia como a un clavo ardiendo, ante la incineración del modelo de la URSS. Y parece lógico que lo hagan, puesto que el planteamiento teórico de la democracia no es malo hoy, ni lo era en los albores de la civilización, cuando lo plantearon los antiguos griegos. Evidentemente, la práctica es otra cosa. Que el gobierno resida en el pueblo es el ideal a alcanzar y, hasta ahí, todos de acuerdo. El dilema surge en la aplicación de ese poder del démos.

La democracia cristiana solventa el dilema sin mayores remordimientos. Una herencia de las tradiciones teocráticas, adaptada al nuevo dios (poderoso caballero es Don Dinero), minimiza los daños morales y acaba de un plumazo con las contradicciones. La denominación de conservadores para los democristianos es mucho más apropiada: si nada cambia, conservaremos lo que ya tenemos. Es coherente, sin duda, pero injusto.

Más justo, aunque a costa, en (bastantes) ocasiones, de la proliferación de la incoherencia, parece el paradigma socialdemócrata, que propone --o debería proponer-- el cambio adelante del modelo de convivencia, en favor de los que menos tienen. No se trata de una sociedad en la que la izquierda sea Robin Hood y la derecha el Sheriff de Nottingham. No es tan sencillo. Pero sí de equilibrar una balanza inclinada desde siempre hacia el mismo lado.

La idea socialdemócrata es evidentemente más justa y pertinente, pero existen errores que atan a la socialdemocracia al socialismo viejo, como el de aferrarse a antiguos ídolos y mitos que nada tienen que ver con el tiempo actual y que llevan a la izquierda del primer mundo a la autodestrucción política. Sartori es muy claro en este sentido: "(...) Europa está enferma de ideologías suicidas. Hay un izquierdismo pacifista de origen en parte religioso... La crisis de la ideología de la izquierda ha creado un tercermundismo, una lógica que dice que para ser de izquierdas hay que ser tercermundista. Yo soy bastante de izquierdas, pero no veo la relación (...)"

Yo tampoco se la veo y, sin embargo, a menudo incidimos en el error de enarbolar banderas de personajes del siglo pasado, cuando deberíamos estar confeccionando nuestras propias banderas. Es un tema bastante complejo pero puede encontrarse una solución con un poco de sosiego y descanso para replantear nuestros dogmas.

Evidentemente, no es la única alternativa pero me parece muy positivo, como idea para esa reconfiguración, el punto de partida propuesto por el intelectual italiano: "(...)La izquierda sufre una gravísima crisis de identidad. Yo creo que debería adoptar la causa de la ecología, abandonada por la derecha, cuyos intereses económicos son tales que ni siquiera quiere oír hablar de estas cosas. Si la izquierda abrazara esta causa salvaría el planeta, tendría un argumento sólido para luchar y se beneficiaría también a sí misma (...)"

Si el progresismo se caracteriza por algo, es por avanzar y no por abrazarse a dogmas caducos. Por eso, creo que es necesario parar un segundo a pensar en lo que estamos defendiendo, sabiendo, eso sí, que, probablemente, de las opciones democráticas existentes la socialdemocracia es la más pertinente.

2 Comments:

At 16:55, Blogger Aitor Ordax said...

Tengo que disculparme por la tardanza. Ha sido una semana complicada, lo lamento.

 
At 23:20, Blogger rojoredrouge said...

Excusas aceptadas. Brillante, amigo. Tu artículo causa más imporesión en mi que el término de la pancarta sobre los asistententes.

Sin duda, la izquierda está en crisis de identidad. Sin embargo hay discurso de izquierdas todavía. Hablo de izquierda mayoritaria que representan los PS europeos que no el PS del parlamento eurpeo, que, éste último sirve para bien poco si se le compara con el Consejo.

La izquierda debe desacomplejarse de su unión biológica con el gran capital, como lo hacen los medios progresistas Polanco. He ahí un ser biologicamente capitalista, y por orden de clientela, progresista. No hay que olvidar que no hay nada más conservador que el dinero. Y que no hay nada más que idelismo en aquellos que ven independencia en las redacciones de medios de comunicación con ProPietario. Sí, con "P's" de Partidos políticos: los que sean.

 

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