La inminencia de un armisticio (y II)
Un total de once atentados de ETA se han producido en lo que llevamos de año. De hecho, el mismo día en que se publicaba, en este espacio, la primera parte de este artículo, estallaba un pequeño artefacto como queriendo desbaratar los argumentos de los que creemos en la inminencia de ese (ansiado) armisticio del antes llamado —incluso por los que ahora niegan los contactos entre ambas partes— "Grupo de Liberación Vasco".
Sin embargo, poco ha cambiado la situación, en estas dos últimas semanas, a pesar de un comunicado de la banda aparentemente desesperanzador del que parecía deducirse que las expectativas de paz se alejaban.
Esas expectativas siguen intactas. Al menos hasta que no haya más muertos. En cambio, existen varias tesis al respecto de lo que puede esconderse tras las recientes contradicciones.
La primera de ellas es que existe división entre el entorno abertzale. Mientras el líder de la ilegalizada Batasuna, Arnaldo Otegi, pretende pasar a la historia como el Jerry Adams vasco —al tiempo que acusa al presidente Rodríguez Zapatero de querer ser recordado como el Tony Blair español, probablemente con razón—, aquellos que empuñan las armas intentan aguantar las ansias sociales de paz.
El efecto que el 11-M tuvo en los radicales independentistas vascos es fundamental para entender el cambio. La sociedad española y vasca no entendería que la violencia de ETA volviera a ocasionar muertes. Por ahora, puede tolerar los petardos, aunque veremos hasta cuándo.
Si la causa de ETA tuvo sentido algún día, cosa que merecería un amplio debate, hace tiempo que ya no lo tiene, puesto que existen los mecanismos necesarios para que la izquierda abertzale defienda sus principios sin violencia.
La segunda tesis radica en el afán de protagonismo. Según ella, los etarras estarían utilizando una especie de traca final antes de anunciar una tregua previa a una mesa de partidos.
Una tercera, más apocalíptica, vendría a desmontar la posibilidad de un fin de la violencia. Sería la que defiende el Partido Popular, con más esperanza —por su bien electoralista— que convicción, que habla de una trampa de ETA al Gobierno para ganar tiempo y volver a endurecer su estrategia.
Esta última sería incomprensible, como ya se ha expuesto, puesto que la banda vive, en parte, de cierto apoyo social. La sociedad —incluso la abertzale— no entendería un recrudecimiento tal como están las cosas.
Por eso, a una semana del segundo aniversario de la mayor infamia que ha sufrido este país desde la Guerra Civil —los atentados del 11-M—, es el momento de caminar hacia ese anuncio de armisticio tan esperado por todos.
Una vez que se produzca, el Gobierno español está obligado a empezar un proceso de diálogo que derive en el acercamiento de presos vascos a las cárceles de Euskal Herria, a la entrega de las armas, a la legalización de partidos vinculados con el entorno etarra y a la negociación de un nuevo estatuto de autonomía para Euskadi.
El derecho de autodeterminación o independencia no debería estar en juego, pero sí debe caminarse hacia unas mayores dosis de autogobierno, en paz.
Una tercera, más apocalíptica, vendría a desmontar la posibilidad de un fin de la violencia. Sería la que defiende el Partido Popular, con más esperanza —por su bien electoralista— que convicción, que habla de una trampa de ETA al Gobierno para ganar tiempo y volver a endurecer su estrategia.
Esta última sería incomprensible, como ya se ha expuesto, puesto que la banda vive, en parte, de cierto apoyo social. La sociedad —incluso la abertzale— no entendería un recrudecimiento tal como están las cosas.
Por eso, a una semana del segundo aniversario de la mayor infamia que ha sufrido este país desde la Guerra Civil —los atentados del 11-M—, es el momento de caminar hacia ese anuncio de armisticio tan esperado por todos.
Una vez que se produzca, el Gobierno español está obligado a empezar un proceso de diálogo que derive en el acercamiento de presos vascos a las cárceles de Euskal Herria, a la entrega de las armas, a la legalización de partidos vinculados con el entorno etarra y a la negociación de un nuevo estatuto de autonomía para Euskadi.
El derecho de autodeterminación o independencia no debería estar en juego, pero sí debe caminarse hacia unas mayores dosis de autogobierno, en paz.
1 Comments:
Aitor, gracias a intervenciones como esta, nuestra dgeneración gana en lucidez.
No obstante, tengamos en cuenta el hecho que los estatutos de autonomía no son el debate esencial español. Éste se articula en torno al artículo dos de la constitución española. El éxito de Zapatero consiste en haber llevado todo el proceso catalán y estar llevando el proceso vasco hacia el campo de la reforma estatutaria. Bien, puesto que modificar la gran falacia del artículo 2 de nuestra consitución a bote pronto sería demasiado traumático.
Un saludo.
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