Teorías sobre el poder III: El aznarismo

¿Nos montamos en la máquina del tiempo? ¿Quién es Aznar? Antiguo militante de las FES, abogado, periodista y político, diputado primero por Ávila, luego presidente de la Junta de Castilla y León, hasta dirigir el Partido Popular y llegar al poder en 1996, previo pacto con PNV, CC y CIU; una etapa de ajustes presupuestarios, integración en la OTAN y una tregua de ETA con supuestas negociaciones (¿quién dijo no negociar?). Etapa de ministros incompetentes, algunos lamentables y que serían eliminados durante la siguiente legislatura. En la misma la derecha logró la mayoría absoluta, lo que le permitió prescindir de los pactos; pero en esa supuesta mejora económica que anunciaban los salarios no subían y los precios sí. El empleo entró en fase de precarización; los contratos eran eventuales y el paso al euro, que elevó la inflación, no hizo más que empeorar las cosas y cabrear a los sindicatos. Poco después llegó una huelga general y 2002 ya fue un año negro, nunca mejor dicho, pues ese es el color del petróleo. El PSOE en estos años no daba pie con bola y le costaba desprenderse del fantasma de González; necesitaba un nuevo líder.
En esta última etapa nació lo que se podría llamar el aznarismo; si algo caracterizó a este señor con bigotes (ya no se lleva ese look) fue tener el control absoluto sobre su partido; el no-diálogo por tanto, estaba servido, ya no sólo con el resto de fuerzas políticas, sino en su mismo seno. Aquellos que discrepaban dimitían o eran cesados. Las ideas se radicalizaron hasta el punto de encontrar una salida en la obsesión de la guerra contra el terrorismo. Un acercamiento sin precedentes al imperio yanki, que dejaba en ridículo al que Franco hizo con Eisenhower. Una foto que daría la vuelta al mundo en las islas portuguesas y un partido cada vez más sólo, en el poder, pero ya sin apenas apoyos. El cambio se acercaba. Bruselas no cabía en su asombro, pues ni el mismo Silvio Berlusconi, el bufón italiano, había llegado tan lejos.
Y llegó, en 2004; Aznar ya había anunciado tiempo atrás que dejaba su cargo a otro, pero su propia ideología le pasó factura. No fue la derrota, pues era muy difícil para los asesores de imagen y directores de campaña maquillar tantas debacles (y una manipulación informativa que debería estar en el puto Libro Guiness de los Records), sino la sensación que dejó en el principal partido de la derecha. ¿Y ahora qué coño hacemos? Rajoy tiene una difícil tarea, reconstruir un partido en el que la sombra de Aznar perdura (justo como en su día la de González en el PSOE) y que continúa esa fase de radicalización, ahora obsesionada con el Estatut y la desintegración de España. Y el ya ex–presidente ahora es el mandamás de una nueva asociación llamada FAES, un refugio para nostálgicos del régimen, escritores y periodistas de la derecha más conservadora. Un lugar perfecto para el aznarismo. ¿Cuál es el futuro del Partido Popular? Necesita un giro al centro y nuevos rostros, yo creo. Porque no creo que Libertad Digital, Hazte Oir y la propia FAES ayude mucho al partido en su vuelta al gobierno. Demasiado radicales, y no son el ejército que nos quieren vender. Pronto lo sabremos, y como bien apuntó Aitor, mucho tendrá que ver con el posible final de ETA. Tiempo al tiempo.